Sociedad - Arte

- Arte

La vida es mejor bailando

El escenario se vistió de color, alegría y danza con 467 bailarines de la academia d’ Jazz que inundaron el Teatro de la Ciudad

Fuente: 

miércoles, 13 de junio del 2012

Foto: Vanguardia: Jordi Sifuentes/ Alejandro Bazaldua/ Daniel Cárdenas/ Miguel Aguillón
Foto: Vanguardia: Jordi Sifuentes/ Alejandro Bazaldua/ Daniel Cárdenas/ Miguel Aguillón
Cómo metería a casi 500 bailarines en el escenario del Teatro de la Ciudad? Pues lo que parecía imposible, para la Academia de danza D’ Jazz no representó ningún problema y como si se tratara de un acto de magia, en un abrir y cerrar de ojos transformó al Fernando Soler en una fiesta de color, en algarabía, en una explosión de vitalidad, en movimiento perpetuo, en música que palpita fuerte y se vuelve batucada, en fin, en un país de las maravillas con miles de Alicias y algunos Sombrereros flotando sobre la duela, compartiendo su pasión para construir un mundo mejor a través del baile, de la seducción de la danza.

¿Y a que se debía tanto alboroto? Pues a los 15 años de una compañía de danza que no puede quejarse de no tener éxito, al contrario, sus casi 500 alumnas tuvieron que dividirse en tres funciones porque el escenario, esta vez, les quedó chico.

Siete mundos, siete colores y un número cabalístico que sirvió para mostrar siete actos de una trama en el que el bien se impone sobre el mal. ¿Cómo lo lograron? Pues a base del hipnótico sonido del zapateo que ahuyentó las adversidades al ritmo que marcaron cientos de zapatillas que, como hormiguitas, marcharon una tras otra para después suspenderse en el aire y así, arrancar los primeros aplausos.

Chispas sobre el escenario

La danza aérea inició con el recorrido y prendió la bombilla del mundo blanco. Unos capullos “ladygagianos” se transformaron en mariposas, extendieron sus alas y no pararon de volar por los aires durante todo el espectáculo. El ballet hizo acto de aparición y unos pequeños cisnes se apostaron sobre un lago imaginario para luego dar paso al Jazz que reclamó algo de atención y después, a taconazo limpio, el Tap le sacó chispas al entarimado. Finalmente, el estilo libre del Hip Hop y el Belly Dance sirvieron de marco para presentar a los personajes centrales: el bien, (Alejandra) y el mal que tuvieron su primer enfrentamiento.

Y esa fue la mecánica del espectáculo, el hilo conductor: el bien perseguido por el mal, huyendo, temblando, pero también enfrentándolo por medio del magnetismo de la danza y marcándole el paso con un atrayente ‘beat’ musical que nunca cesó y seduciéndolo con el encanto del vestuario, el otro protagonista.

Y aunque valores como la constancia, la responsabilidad y el trabajo en equipo son inculcados a bailarines y bailarinas en esta concurrida academia dirigida por Gloria del Bosque, muchos papás reprobaron en puntualidad, pues ya bien entrado el evento, seguían llegando. Arriba la historia seguía: el mundo blanco se oscureció y la pureza fue opacada por el arribo de un hombre que puso rostro a la maldad. En los aires el bien y el mal luchan montados sobre un aro realizando acrobacias que dejan con la boca abierta a más de uno. Abajo un ejército la reclama bailando Jazz, con movimientos rápidos, desesperados, pero siempre buscando la sincronía. El mago que recibió a los asistentes con actos de magia, ahora hace flotar un bastón para cerrar como se debe, con una sonrisa, el primer acto.

Mundo surrealista

El teatro oscurece y el mundo negro llega con vestuarios con aplicaciones en neón, botas con estoperoles que marchaban al ritmo de una amenazante, pero no menos simpática milicia, que fue secundada por el Break Dance de los primeros bailarines de la noche, ellos se paran de cabeza, hacen piruetas con el ‘punch’ de los acordes de “System of a Down”. Ellas no pierden el estilo con los pasos del Jazz y luego vuelve el Tap que se convierte en galimatías y se pierde con el estruendo de la música.

Un arlequín que vende helados al ritmo del amoroso acordeón de Amélie, da paso a las más pequeñas de la academia, niñas que arrancan suspiros, porras y aplausos de los papás y familiares, ellas se voltean a ver unas a otras para no perder el paso, ni la sonrisa estudiada y aunque no lo logran del todo, ya tiene al público en la bolsa.

La lluvia, el estruendo de los relámpagos, la danza aérea que hace nubes en el aire y los bailarines con surrealistas sombrillas encendidas, vuelven al mundo azul, al menos visualmente, en uno de los más lucidores de la noche. Las niñas más grandes, quizás las de mejor técnica, hacen brillar los pasos de ballet, de puntitas demuestran más coordinación y con el vestuario vaporoso, gorros turquesa incluidos, parece flotar entre medusas. De pronto el nado sincronizado es interrumpido por las bebés, que con un genial tap zapatean al ritmo de una tierna y ovacionada “Singing in the Rain”. El vestuario enmarca perfecto un jazz ejecutado por mujeres seductoras ataviadas con traje y sombreros de copa.

El mundo morado llega con pelotas, tutús con encajes “desgarrados”, listones de colores, máscaras, música house y bailes llenos de dinamismo: aquí el jazz, el hip hop, el tap y el ballet se tomaron de la mano mientras la danza aérea sigue al pie del cañón, ¿cuánta fuerza se necesita para balancearte en el aire en casi todos los actos? Definitivamente la danza aérea merecía un acto individual.

Lluvia de aplausos

La época victoriana llegó con la parte verde, la más orgánica, luminosa, con gorros que parecen enormes pelucas al estilo María Antonieta, en este paraje las niñas que brincan y que muestran un hiperactivo jazz desató euforia arriba y abajo. Los violines tocan un poderoso himno de Guns and Roses, mientras pequeñas niñas con enormes moños blancos estilo “rockabilly” inundan el escenario y de nuevo la lluvia de aplausos.

El color naranja recuerda el estrambótico y ecológico mundo del filme Lorax. El dinamismo no para, de nuevo vestuarios vaporosos de ballet y ‘bodys’ con vistosas aplicaciones que parecen dignos de una competencia de patinaje artístico. Se trata de niñas de mayor edad, algunas casi adolescentes y se nota que tiene más tablas, dominan mejor el escenario.
Con Metallica en una versión orquestal, Nicki Minaj, y LMFAO (¿por cierto, porqué nohubo música en español, porqué no mostrar lo nuestro?) vuelven las cabezas a moverse entre los asistentes y de pronto los niños, se convierten en protagonistas, las retas de baile salen a relucir, el hip hop los muestra retadores y con gran capacidad para la improvisación.

Pasión por la danza

El Break Dance se apodera de la atmósfera, mientras el personaje de Alejandra cruza una y otra vez el escenario con un ajustado vestido, recordando que la bondad debe prevalecer en cada pieza, pero atrás de ella y siempre amenazante, la sigue una sombra.

Ya van casi dos horas de espectáculo, lo que lo vuelve algo cansado, pero el fin está cerca y el rojo trae la pasión, pero no sólo eso, sino también lo mejor de la técnica en los pasos estudiados de las chicas más grandes, pues aunque se trata de una academia que está buscando la perfección de sus alumnos, aún no lo logra del todo, pues hubo quien desentonó o rompió con la coordinación en cada acto, pero estos gajes del oficio se olvidan en el acto final con tutús que se convirten en atuendos casi de quince años coronados con tenis converse dedicados a vestir a lo mejor del jazz, ese que mezcla lo clásico con lo moderno, la que da lugar a la improvisación, pero también al trabajo en conjunto, los veloces giros, las vueltas de 360 grados sobre un pie, la vuelta militar, las caídas, los saltos, las piernas como protagonistas y todo para prepararle terreno a la protagonista de la noche: Alejandra, quien después de una dramática confrontación, se logra imponer a la parte oscura y logra transformarlo, y cómo no sucumbir, si arriba del escenario están casi 500 alumnos al pie del cañón, tiene tomado el máximo escenario cultural de la ciudad y lo mejor de todo: están retando a la dura realidad con una poderosa arma que es el valor fundamental de este colectivo: El amor por el arte.

El equipo

Dónde: Teatro de la Ciudad Fernando Soler.
Cuándo: Domingo 10 de junio.
Evento: Aniversario de la Academia D' Jazz de Saltillo.
Directora: Gloria del Bosque de González.
Técnicas: Acrobacia, Danza Aérea, Ballet, Belly Dance, Break Dance, Hip Hop y Jazz.
Dirección Coreográfica: 20 talentosos maestros.
Escenografía: Antonio Beltrado
Efectos Especiales: Black Show
Vestuarios: Marusanta Peña, Etelina Salinas, Luz Hernández, Lourdes Montejano, Alicia Arizmendi, Socorro Sánchez Torres.