OPINIÓN

¿Y entonces qué pasó en todos estos años?

viernes, 27 de abril del 2012

El secretario de Educación Pública de Coahuila, José María Fraustro Siller, expuso ayer en Torreón un balance preocupante de la realidad educativa del Estado, así como de los resultados obtenidos luego de al menos tres lustros de invertir en este rubro más de la mitad del presupuesto local.

De acuerdo con el responsable del sistema educativo coahuilense, en la entidad existen al menos 50 mil analfabetas y unas 650 mil personas tienen estudios incompletos de primaria o secundaria.

Las cifras son, por sí mismas, altísimas. Pero lo son todavía más si tomamos en cuenta el caudal de recursos invertidos en, presuntamente, combatir el analfabetismo y el truncamiento del proceso de educación básica.

Y es que, de acuerdo con Fraustro Siller, casi uno de cada cuatro habitantes de Coahuila no ha concluido la educación básica. Pero tal cifra se obtiene tomando en cuenta el 100 por ciento de la población estatal. Si hiciéramos la operación considerando solamente a los coahuilenses que deberían tener la secundaria concluida, la proporción crece a uno de cada tres.

¡Uno de cada tres coahuilenses que debería contar al menos con educación secundaria no ha cursado los nueve grados de educación necesarios para ello! ¿Cómo es eso posible?

¿Cómo es posible que las cifras de rezago educativo se encuentren en estos niveles cuando uno de los aspectos más “presumidos” durante el sexenio anterior fue justamente los “logros” alcanzados a través del Instituto Estatal para la Educación de los Adultos?

El IEEA fue señalado en múltiples ocasiones como “un ejemplo a seguir” a nivel nacional y sus cifras fueron siempre asombrosas, por decir lo menos, pues de acuerdo con sus informes, decenas de miles de coahuilenses fueron alfabetizados anualmente o concluyeron la primaria o la secundaria.

Los números, simple y sencillamente, no cuadran. O los informes que el IEEA difundió todos estos años son una fantasía, o el diagnóstico formulado ayer por el Secretario Fraustro Siller está equivocado de principio a fin.

Desentrañar la verdad es importante porque ello implica la diferencia entre seguir tirando dinero a la basura en proyectos que no están ofreciendo ningún resultado tangible y corregir el rumbo en materia educativa.

Por eso, la contradicción que ayer evidenció el Secretario de Educación no puede quedar como simple anécdota y debe ser aclarada puntualmente, pues estamos hablando del rubro más importante del presupuesto público y del proyecto de mayor relevancia que cualquier sociedad puede tener.

Mientras esperamos a que el entuerto se aclare, es importante señalar las dos versiones señaladas líneas arriba son absolutamente incompatibles y no puede aceptarse, bajo ninguna circunstancia, la idea de que ambas son correctas y, menos aún, que no es necesario aclarar la confusión.