OPINIÓN
La crónica de un desastre anunciado
martes, 28 de agosto del 2012
Pareciera una profecía auto cumplida: un día se publica un reporte periodístico advirtiendo del peligro que representa la estructura colapsada de un anuncio espectacular, sólo entonces la autoridad toma nota del asunto y luego sobreviene el desastre, provocando la muerte de una persona y dejando como saldo, además, algunos lesionados.
¿Cómo caracterizar el hecho? ¿Se trata solamente de un accidente como cualquier otro, es decir, de un hecho cuyo advenimiento fue imposible de prever? ¿Existía realmente la posibilidad de evitar que hoy una familia se encuentre enlutada por el accidente?
Las autoridades dirán que sí, que fue un accidente, es decir, que lo ocurrido no se encuentra envuelto en el manto de la negligencia, de la falta de pericia y de la ausencia de rigor a la hora de llevar a cabo una tarea que a todas luces parece peligrosa.
Pero no basta sino echar una mirada un poco más detenida para darse cuenta de que no es así, para caer en la cuenta de que la maniobra de retiro de la estructura del anuncio espectacular se realizó despreciando las más elementales normas de seguridad.
Lo peor de todo es que en ello participaran los responsables del área de “Protección Civil”, es decir, quienes al menos en teoría son los expertos en prevención y detección de riesgos.
La pregunta es tan simple como contundente: ¿qué hacían los miembros de la cuadrilla encargada de remover el anuncio espectacular encaramados en la estructura y sin contar con los implementos de protección necesarios?
¿Quién permitió que los ayudantes subieran a la estructura semi derruida sin estar sujetos a cables de seguridad que los protegieran de una eventual caída, tal como al final ocurrió?
Se trata de un acto de negligencia sobre el cual debe realizarse una investigación puntual, pues al final hubo lesionados y una persona perdió la vida tan sólo porque no tenemos una cultura de la seguridad.
Hoy se dice que se pretende obligar a los propietarios de tales estructuras a contratar un seguro de responsabilidad civil y que tal exigencia podría formar parte de una nueva reglamentación en materia de publicidad visual.
Pero al mismo tiempo, la autoridad municipal reconoce que ni siquiera sabe cuántos espectaculares hay en la ciudad, ni quienes son sus dueños, lo cual retrata de cuerpo entero el desorden que existe en la materia y del cual, como suele ocurrir, sólo se ocupan cuando sucede una tragedia.
Por supuesto que urge tomar medidas para evitar que nuevas tragedias como la de ayer se presenten, pero sobre todo urge que actos de negligencia como éste sean castigados y que al frente de las áreas de protección civil se encuentren verdaderos especialistas en prevenir riesgos.
¿Cómo caracterizar el hecho? ¿Se trata solamente de un accidente como cualquier otro, es decir, de un hecho cuyo advenimiento fue imposible de prever? ¿Existía realmente la posibilidad de evitar que hoy una familia se encuentre enlutada por el accidente?
Las autoridades dirán que sí, que fue un accidente, es decir, que lo ocurrido no se encuentra envuelto en el manto de la negligencia, de la falta de pericia y de la ausencia de rigor a la hora de llevar a cabo una tarea que a todas luces parece peligrosa.
Pero no basta sino echar una mirada un poco más detenida para darse cuenta de que no es así, para caer en la cuenta de que la maniobra de retiro de la estructura del anuncio espectacular se realizó despreciando las más elementales normas de seguridad.
Lo peor de todo es que en ello participaran los responsables del área de “Protección Civil”, es decir, quienes al menos en teoría son los expertos en prevención y detección de riesgos.
La pregunta es tan simple como contundente: ¿qué hacían los miembros de la cuadrilla encargada de remover el anuncio espectacular encaramados en la estructura y sin contar con los implementos de protección necesarios?
¿Quién permitió que los ayudantes subieran a la estructura semi derruida sin estar sujetos a cables de seguridad que los protegieran de una eventual caída, tal como al final ocurrió?
Se trata de un acto de negligencia sobre el cual debe realizarse una investigación puntual, pues al final hubo lesionados y una persona perdió la vida tan sólo porque no tenemos una cultura de la seguridad.
Hoy se dice que se pretende obligar a los propietarios de tales estructuras a contratar un seguro de responsabilidad civil y que tal exigencia podría formar parte de una nueva reglamentación en materia de publicidad visual.
Pero al mismo tiempo, la autoridad municipal reconoce que ni siquiera sabe cuántos espectaculares hay en la ciudad, ni quienes son sus dueños, lo cual retrata de cuerpo entero el desorden que existe en la materia y del cual, como suele ocurrir, sólo se ocupan cuando sucede una tragedia.
Por supuesto que urge tomar medidas para evitar que nuevas tragedias como la de ayer se presenten, pero sobre todo urge que actos de negligencia como éste sean castigados y que al frente de las áreas de protección civil se encuentren verdaderos especialistas en prevenir riesgos.